Testimonio de Carmen Gloria Quintana ante la Comisión de DD.HH. de la ONU

 

Señor Presidente 

Distinguidos miembros de la C.D.H.


Mi nombre es Carmen Gloria Quintana, hablo en nombre de la Federación Mundial de Estudiantes Cristianos, una organización no-gubernamental con movimientos afiliados en más de 80 países de todas las regiones del planeta y cuyo objetivo fundamental es el de llamar a los estudiantes y demás miembros de la comunidad académica a la fe, al discipulado cristiano. Un ingrediente fundamental de nuestro ministerio es atender las necesidades e inquietudes de los estudiantes cristianos que dan testimonio de su vida en situaciones históricas difíciles, precisamente en aquellos países en que regímenes autoritarios no abren camino a la realización plena de los Derechos Humanos, en flagrante violación de los principios universalmente aceptados por la comunidad de Naciones y de los valores esenciales de nuestra fe.


Mi testimonio personal es también el testimonio colectivo de miles de jóvenes y estudiantes de Chile que han sufrido en carne propia en estos últimos 13 años los signos del régimen anti constitucional que llegó al poder mediante un sangriento golpe militar.


Soy una universitaria chilena de 19 años de edad, que hace ocho meses fui salvajemente golpeada y quemada en vida por militares chilenos. Sobreviví y estoy aquí hoy para contar lo sucedido y evidenciar ante esta comisión las violaciones continuas de los Derechos Humanos en mi país.


Señor Presidente:


El 2 de Julio de 1986, participaba en un Paro Nacional convocado por la Asamblea de la Civilidad. Ese día también estaba presente Rodrigo Rojas De Negri de 19 años de edad, fotógrafo, residente en los EE.UU., hijo de una exiliada chilena, que volvió a su patria para encontrar sus raíces. Lo menciono como mi modesto homenaje a su vida que perdió en su tierra.

Cuando íbamos camino hacia una manifestación en nuestra población una patrulla de efectivos militares, fuertemente armados y con sus caras pintadas de negro nos persiguieron en una camioneta civil, nos detuvo a Rodrigo y a mí, y de inmediato fuimos soezmente insultados, allanados y brutalmente golpeados.


Llegaron 2 vehículos más, con militares y dos personas vestidas de civil, elevando el número de nuestros victimarios a más de 30 efectivos. Uno de ellos, llevaba un bidón de combustible. Rodrigo ya estaba semiinconsciente en el suelo sangrando profusamente debido a los brutales golpes de pie, puños y culatazos. Continuaron golpeándome, el jefe militar empezó a rosearnos de la cabeza a los pies con combustible pese a mis súplicas de que no lo hiciera porque me estaba entrando en la boca, todos los militares se burlaban de nosotros. Mientras me limpiaba la boca con la mano nos lanzaron algo que explotó entre nosotros y empezamos a arder como antorchas humanas. Empecé a saltar y me revolcaba en el suelo para tratar de apagar las llamas, cuando un militar me dio un culatazo en la boca y allí perdí mis dientes.

Testigos del hecho dijeron después que nos dejaron en llaman varios minutos. Casi inconsciente me recuerdo que nos envolvieron en frazadas y nos lanzaron en un vehículo como bultos, luego nos arrojaron en una zanja a 23 km., del lugar de los hechos en pleno campo. Desperté al sentirme remecida por un hombre letalmente desfigurado con su rara llagada y calcinada, con los labios boca y nariz sangrante. Era Rodrigo. Salimos de la zanja como zombis con los brazos y piernas abiertos y caminamos dificultosamente para buscar ayuda. Varios automóviles al vernos se desviaron espantados, hasta que un hombre nos socorrió y llamó a la policía, la cual demoró aproximadamente 2 horas en transportarnos a un hospital público. Allá se nos diagnosticó quemaduras profundas de segundo y tercer grado en una superficie de 62% de nuestros cuerpos. 


Verónica De Negri, madre de Rodrigo, cuyo nombre figura en una lista de personas que no pueden volver el país, sólo pudo entrar temporalmente el 5 de julio. Al día siguiente su hijo Rodrigo falleció como consecuencia de las quemaduras, de los terribles golpes recibidos y de la negación de tratamiento médico adecuado. Durante su funeral la policía uniformada lanzó gases lacrimógenos, carros lanza agua para reprimir a los enlutados, entre ellos el embajador de EE.UU., Harry Barnes.


Señor Presidente, durante las dos semanas siguientes las FF.AA., hasta su comandante en jefe, Gral. Pinochet, negará categóricamente toda participación de los militares en los hechos a pesar de las abundantes pruebas de lo contrario. Desde entonces el proceso judicial he sido obstaculizado por las autoridades. Ocho meses después del hecho solo un Teniente, Pedro Fernández Dittus, ha sido procesado por negligencia y recién ha sido puesto en libertad condicional por un tribunal militar bajo la fianza de 24 dólares americanos.


¿Cómo es posible tanta injusticia y parcialidad? 


Denuncio, Sr. Pdte., ante esta Comisión, el hecho de que los testigos están siendo reprimidos y han sufrido serios impedimentos. Unos fueron detenidos, otros secuestrados o amenazados de muerte, perseguidos, incomunicados e incluso encarcelados reos, siendo necesario que nuestros abogados presentaran recursos de protección a favor de hasta 12 de ellos. También nuestros abogados han sido amenazados de muerte y son aun víctimas de un fuerte hostigamiento incluyendo un atentado y secuestro.


Sr. Pdte., nuestro caso es similar en su significación final a muchos otros que suceden diariamente en mi país, afectando la vida, la seguridad o le integridad física y moral de las personas. La presencia de patrullas militares fuertemente armadas es un acto arbitrario cotidiano durante estos últimos años en las poblaciones pobres de Santiago, continuamente son allanadas por ocupaciones militares, como si libraran una verdadera guerra contra la población civil. Que nos quemaran en la vía pública, frente a testigos, es un ejemplo de impunidad de los torturadores y los agentes del régimen que han causado tantos tratos crueles, inhumanos y degradantes para la población de 1986, y dejarnos abandonados en medio del campo y en la misma zona donde en marzo de 1955 se encontraron degollados tres personas, más que negligencia - como se ha dicho judicialmente -, es un morboso esfuerzo para atemorizar a la población con un castigo ejemplar. El amedrentamiento de los testigos y abogados es el mismo fenómeno que sucede en el plano más amplió de los defensores de DD.HH. y de los profesionales que ejercen con dificultad su profesión por falta de recursos módicos adecuados y de seguridad personal, siendo necesaria la ayuda solidaria de Canadá para salvar mi vida, lo cual simboliza la ayuda constante de los pueblos democráticos del mundo, que han brindado a miles de chilenos asilados o refugiados políticos esparcidos por el mundo.

Como conclusión, reservo mi pensamiento y dolor ante esta respetable Comisión, diciendo: Sr. Pdte., señores embajadores, mi caso no es aislado.


1) Debo ser considerada como sobreviviente de un gran ataque al derecho de la vida como hay muchos de ellos indudablemente, que se mantienen en el anonimato y que merecen de atención.
2) El cuadro generalizado e institucionalizado de las violaciones a los DD.HH. que se observa en Chile tiene su origen en una constitución política antidemocrática que les hace posible la persistencia de un régimen militar.

3) Mi caso muestra los serios defectos del poder judicial, particularmente la independencia que debe ser corregida a fin de garantizar la protección de las personas.

4) Mi caso refleja desgraciadamente que la situación de los DD.HH. en Chile es muy grave y que debe seguir siendo objeto de atención por la comunidad internacional, como lo viene siendo desde 1974.


Para finalizar Sr. Presidente, y para que la muerte de Rodrigo Rojas y su sufrimiento no sean en vano, tengo le humilde esperanza de que mi testimonio servirá para que esta Comisión, en fidelidad de su mandato, se pronuncie de manera clara e inequívoca para condenar las violaciones a los DD.HH. en el país de Pablo Neruda. Fue precisamente Pablo Neruda, ese poeta de Chile y del mundo, quién escribió:


En este minuto crítico, en este parpadeo de agonía, sabemos que entrará la luz definitiva por los ojos entreabiertos, esta luz definitiva es la esperanza de libertad, paz, justicia para el pueblo chileno.

 

Muchas Gracias